15 años después…



Hace unos quince años empecé este blog.

Lo llamé Cuanticamania.

Por aquel entonces me fascinaba la posibilidad de que detrás de la realidad que percibimos existiera algo mucho más profundo. Leía sobre física cuántica, consciencia, espiritualidad, Gurdjieff, filosofía, Ley de Atracción, misticismo…

Buscaba conexiones.

Buscaba respuestas.

Y, probablemente, buscaba también algo que llevaba mucho tiempo buscando sin saber exactamente cómo llamarlo.

Entender quién soy y qué  estamos haciendo aquí.

Han pasado quince años.

Di mucho de mi en este blog y me tomé un descanso bien merecido.

Y hoy sigo sin tener la respuesta. Pero quién la tiene?

Curiosamente, eso ya no me preocupa demasiado.

Algunas cosas han cambiado

Cuando releo algunos artículos antiguos de Cuanticamania encuentro ideas que hoy expresaría de otra manera.

En aquellos años me resultaba fascinante utilizar la física cuántica para intentar explicar la consciencia, la espiritualidad o incluso la capacidad de crear nuestra realidad.

Hoy soy bastante más prudente.

La física cuántica es física cuántica.

La espiritualidad es otra cosa.

Puede haber preguntas fascinantes en la frontera entre ambas, pero no necesitamos convertir una metáfora hermosa en una verdad científica para que tenga valor.

Y creo que esto resume bastante bien lo que ha cambiado en mí.

Me sigue fascinando el misterio, pero necesito creer menos cosas sobre él.

Sin embargo, la pregunta continúa

Durante todos estos años he seguido leyendo, practicando, buscando y observando.

Ashtanga yoga.

Meditación.

Gurdjieff y el Cuarto Camino.

Estoicismo.

Psicología.

Advaita Vedanta.

Nisargadatta Maharaj.

John Wheeler… y muchos otros.

Y, de una manera u otra, siempre termino regresando al mismo lugar:

¿Quien so yo realmente"?

No mi historia.

No mis éxitos ni mis errores.

Ni siquiera lo que pienso sobre mí mismo.

La pregunta es mucho más extraña.

Cuando aparece un pensamiento en mi cabeza…

¿lo he creado yo?

Cuando aparece miedo, deseo, enfado o entusiasmo…

¿he decidido que aparezca?

Y si puedo observar todo eso…

¿qué es exactamente lo que está observando?

¿Somos máquinas?

Gurdjieff decía algo que siempre me resultó incómodo y fascinante:

el ser humano vive gran parte de su existencia de manera mecánica.

Creemos que decidimos constantemente, pero quizá una enorme cantidad de nuestra vida consiste simplemente en reaccionar.

Un comentario provoca enfado.

Una crítica provoca defensa.

Un elogio provoca satisfacción.

Un recuerdo provoca tristeza.

Un deseo aparece y corremos detrás de él.

Estímulo. Reacción.

Una y otra vez.

Después construimos una historia explicando por qué hicimos lo que hicimos.

Cuanto más observo mi propia mente, más difícil me resulta ignorar esta posibilidad.

Y entonces apareció otra idea

El Advaita plantea algo todavía más radical.

Quizá el problema no sea solamente que vivimos en piloto automático.

Quizá nuestra idea de que existe un pequeño “yo” dentro de nosotros controlándolo todo sea también parte de la ilusión.

No quiero convertir esto en otra creencia.

Precisamente de eso quiero alejarme.

Quiero investigarlo.

¿Qué ocurre si, en lugar de intentar controlar constantemente la experiencia, empezamos simplemente a observarla?

Un pensamiento aparece.

Una emoción aparece.

Una decisión aparece.

Una acción sucede.

Y la vida continúa.

Una espiritualidad con los pies en el suelo

Esta nueva etapa de Cuanticamania no pretende demostrar que la consciencia crea el universo.

Tampoco pretende descubrir una fórmula secreta para manifestar una vida maravillosa.

Quiero hacer algo bastante más sencillo.

Investigar.

La consciencia.

La mente.

El sentido de identidad.

La necesidad de reconocimiento.

El miedo.

El trabajo.

Las relaciones.

El envejecimiento.

El yoga.

La búsqueda espiritual.

La felicidad.

El éxito.

El fracaso.

Y esa extraña sensación que algunas veces aparece cuando dejamos de intentar arreglar nuestra vida durante unos segundos y simplemente estamos aquí.

Tal vez la búsqueda también cambia

Durante muchos años pensé que el desarrollo personal consistía en convertirme en alguien mejor.

Más exitoso.

Más disciplinado.

Más reconocido.

Más seguro.

Más espiritual.

Últimamente me interesa otra posibilidad.

¿Y si no necesitamos añadir tantas cosas?

Quizá parte del camino consiste precisamente en ir quitando.

Expectativas.

Comparaciones.

Historias sobre quién deberíamos haber sido.

La necesidad de demostrar algo.

La obsesión por llegar a algún sitio imaginario en el futuro donde, finalmente, todo estará bien.

Y observar qué queda.

Cuanticamania vuelve

Por eso he decidido volver a escribir aquí.

No porque tenga más respuestas que hace quince años.

Probablemente tengo menos.

Pero quizá he aprendido algo más importante:

a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles y a disfrutar mucho más de las preguntas.

Aquí hablaremos de ciencia cuando haya ciencia.

De filosofía cuando haya filosofía.

De espiritualidad cuando haya espiritualidad.

Y reconoceremos tranquilamente cuando simplemente no sabemos.

Porque después de tantos años buscando respuestas sobre la consciencia y la realidad, empiezo a sospechar que una de las frases más liberadoras que podemos pronunciar es:

No lo sé.

Y desde ahí podemos empezar de nuevo.

Bienvenidos a Cuanticamania 2.0.

Quince años después, el misterio continúa.

Y quizá eso sea lo mejor de todo.

Bienvenid@ a Cuanticamania,

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